Bienvivido y Bienvivida

BUENO, EN EL FONDO, FONDO, FONDO, NO EXISTIMOS.
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lunes, 21 de marzo de 2016

TRAS JULIA y DIONISIO



Fui a la librería Gea en la calle Pez, 40 de Madrid a recoger un libro de mi autoría, El Espíritu Dionisíaco de Fritz Perls, y al salir me encontré con la escultura de una mujer con unos libros apoyada en la pared. Se me ocurrió poner mi libro encima de sus libros y fotografiarla.




 Quise saber su historia... El título de la obra es "Tras Julia"
Su autor, Antonio Santín, la bautizó así en 2003.



Es la primera mujer que asistió a la Universidad de Madrid
cuando estaba reservada la Educación a los hombres (1848) y cursó cuatro años  de estudio disfrazada de hombre, licenciándose  en Derecho.



Está reclinada sobre el Palacio Bauer
En este edificio tiene su sede ahora la 
Escuela Superior de Canto,
instalada durante la segunda mitad del siglo XX



"Tras Julia" amaneció un domingo de octubre de 2010 
arrancada y tirada en el suelo de Malasaña.
Por fortuna meses después volvió a su ubicación original
y ahí está de nuevo.



El azar de fotografiar a "Julia" con el libro de El Espíritu Dionisíaco... me lleva al recuerdo de que Dionisio es sensible a la opresión de las mujeres y las libera del trabajo pesado del telar. Además Dionisio (Baco en romano) está acompañado siempre de sus discípulas, las bacantes, mujeres que adquirían poderes sobrenaturales en las bacanales dionisíacas.

Antonio Santín cree que la historia de "Julia" no ha caducado
todavía en muchos países y que es necesario que sea contada.
Así lo cuenta en este vídeo:







Tras Julia (Corto documental) from Marián S. Miranda on Vimeo.

martes, 10 de febrero de 2015

En la cascada, el agua se ríe de su caída



Quería comprar el libro de Claudio, Budismo Dionisíaco, del que hice alusión en un post anterior y todavía no lo habían recibido en la librería Pasajes de Madrid. Entonces curioseando por las estanterías de libros me encontré este título: El Buda de la Risa, la leyenda de Budai, de Mario Satz. Budai fue un monje vagabundo que vivió en China a mediados del siglo X, recorría las aldeas y los pueblos recordando las virtudes de la risa y el buen humor a todos los que se encontraba, o sea, que era un buen dionisíaco. 


Esta fue la historia que me encontré al abrir el libro por primera vez:

–Quien no camina muerto hacia su vida –sonreía Budai–, camina vivo hacia su muerte. 
  –No comprendemos la inversión de esos términos –le decían.
  –La sutileza ha perdido a más de uno y las fábulas no dan de comer –le decían. 
  –Si la satisfacción está antes que el deseo y la muerte antes que la vida, y el haber llegado antes que el partir, y amar antes que la necesidad de ser amado, y la jovialidad antes que la causa que la despierta, entonces todo aquello que nos sostiene es un corazón vacío de sí mismo, enamorado de ser, como el rocío a las rosas, una transparencia que dilata. Sin esperanzas ni remordimientos, deberes o promesas. Somos el primer dador de nuestra felicidad.




   –¿Y cuál es el método? –insistían–. ¿Cuál es la manera de invertir los términos y concedernos a nosotros mismos lo que, de hecho, esperamos de los demás?
   –En invierno, la abeja come miel que fabricó en verano –contestó Budai– ; del mismo modo, el adulto se alimenta de las dulzuras de su infancia. Mientras esté despierta la admiración, estará atento el aprendizaje. Los cabellos de nuestra muerte caen cada día, la piel de nuestra extinción se desprende instante tras instante. A menos que comprendamos este disgregar cotidiano, ¿cómo podremos gozar de las bandadas de grullas que se alejan y de los grillos que mantienen a las estrellas en su sitio? En la cascada, el agua se ríe de su caída.
   –Oh –exclamaban, sorprendidos, sus oyentes.
   –Ah –decían las mujeres–, es un poeta, no hay que hacerle caso.
   Budai se marchó al día siguiente, temprano. Agradable, sencilla, en la mente de quienes lo habían oído reverberaba aún su frase sobre la cascada.



jueves, 1 de enero de 2015

MEDITACIÓN Y ACTITUD DIONISÍACA


El último día del 2014 encontré en Facebook un mensaje del monje budista Thich Nhat Hanh, señalando la actitud dionisíaca de "sonreír al sufrimiento", en un momento donde su salud está muy delicada. También me encontré el vídeo de Meditación guiada por Claudio Naranjo, como colofón de la presentación que hizo de su libro en Barcelona, titulado Budismo Dionisíaco, donde habla de acoger con una sonrisa amorosa a nuestras incomodidades, compulsiones y dificultades vitales. 


'La vida es a la vez terrible y maravillosa. 
¿Cómo puedo sonreír cuando estoy lleno de sufrimiento? 
El sufrimiento es algo natural, lo único que hace falta es sonreír al sufrimiento, 
 porque yo soy más que mi sufrimiento.' 
Thich Nhat Hanh 

 Contagiado por este mensaje, envié esta felicitación vía móvil a alguien en la noche vieja: "Acojamos las dificultades con una sonrisa amorosa para el 2015." Y recibí esta respuesta: "Bueno, bueno... igualmente Emilio, te deseo todo lo mejor." Este mensaje expresa una desconfianza, creo que generalizada, para acoger amorosamente lo negativo, tal vez nos venga de la cultura del sacrificio y del dolor como resignación pesimista. También hay otra desconfianza generalizada sobre el sufrimiento, que es esta cosa de positivismo exagerado del "buenrrollismo". 



Este "sonreír al sufrimiento" lo entiendo más como una aceptación del duhkha (angustia existencial), que el budismo lo ve como una inevitable insatisfacción inherente a la vida. "Aunque Buda reconoció y animó a conservar los estados y momentos felices (buena situación económica, buena salud, etc.) afirmaba que éstos no son permanentes y que en todo caso, son coronados por la muerte." (Wikipedia). 

Claudio Naranjo, en el vídeo adjunto, lo dice así: "...les invito a percatarse, a mirar a la cara a esta incomodidad sin perder la sonrisa (...) A la incomodidad de nuestra vida actual (...) Tomemos nuestro sufrimiento, nuestra incomodidad, insatisfacción, y tratémoslo como una madre que acuna a su hijo que llora..." 

Emilio Blázquez