A Sócrates le preguntaron sobre cómo se sentía ante su inminente muerte:
"Estoy a las puertas de un gran misterio y estoy emocionado. Voy a empezar un gran viaje por lo desconocido. ¡Simplemente estoy expectante! ¡No puedo esperar!"
Alguien le preguntó, "¿Tienes la certeza de que el alma sobrevivirá a la muerte?» Sócrates le contestó, "No lo sé".
Y recuerda, Sócrates no era un hombre religioso, Sócrates no era en modo alguno un creyente".
(Extracto tomado del libre de Osho, El libro de la vida y la muerte)
Este "no lo sé" expectante nos despoja de todo los conceptos, doctrinas e ideas preconcebidas sobre el misterio de la vida/muerte, y nos invita a seguir aprendiendo. Sugiero que es un punto medio y neutro entre los polos ateo/creyente.
El místico heterodoxo más universal, Rumi, ya inducía a encontrar ese punto neutro: "El que acepta todo como verdadero es un necio, pero el que dice que todo es falso es un bellaco".
Gurdjieff sugería imaginar que sólo te queda una hora de vida , ¿Qué harías con esta preciosa hora de estadía en la Tierra?
El sentimiento, más que el pensamiento, de que nos vamos a morir nos puede introducir en un cambio de rumbo hacia el sentido real de nuestra vida. Sócrates vivió y murió sabiendo que no sabía nada, murió como vivió, apasionado por aprender.
Emilio Blázquez
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